domingo, 3 de julio de 2011

"¿Quién puede estar 84 años en un convento de clausura sin ser feliz?"

"¿Quién puede estar 84 años en un convento de clausura sin ser feliz? Claro que soy feliz". Sor Teresita lo dice por su experiencia, ella lleva en clausura desde los 19 años, cuando ingresó en el convento el 16 de abril de 1927 -el mismo día en que nació el papa, Benedicto XVI-. Sor Teresita -Valeria, de nombre civil- es la monja en España que lleva más tiempo en clausura y cumplirá 104 años en septiembre; su celda y su vida están en el convento de Buenafuente del Sistal (Guadalajara), un pueblo de menos de 200 habitantes. Ella confiesa que antes de entrar allí no le "gustaban las monjas... ¡con lo bien que se está en casa!". Sin embargo, cuenta entre bromas que un día, tras regañar con su madre, su padre le aconsejó que estaría bien que se metiera a monja. "Por darle gusto" a su progenitor le aseguró que si Dios le daba la vocación, diría que sí.

La entonces joven oyó "la llamada" de Dios y desde aquel momento su vida ha sido fiel a los principios de san Benito, ora et labora, en su convento guadalajareño de la orden del Císter. Sor Teresita es una de las diez monjas que dan testimonio de su vocación religiosa en un libro del madrileño Jesús García (1977) y publicado por la editorial Libros Libres. García ha titulado su obra como la célebre canción de Burning, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? Un título para ilustrar las razones que llevaron a estas mujeres, de entre 23 y 103 años, a dejar familia y amigos para consagrar su existencia a los votos de obediencia, castidad y pobreza.
La enternecedora entrevista con sor Teresita cierra el libro. En ella explica que nació en Foronda (Álava), el 16 de septiembre de 1907, un pueblo hoy perteneciente al municipio de Vitoria. Durante más de 20 años fue superiora de su comunidad religiosa. En ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? cuenta que cuando se metió a monja tenía "miedo" y "estaba zote" pero "el Señor y santa Teresita" le ayudaron para que no se "acobardara". Casi toda su vida ha transcurrido en un convento de difícil acceso "en el páramo de la provincia de Guadalajara", dice el autor de la obra.



Sor Teresita aplica como todo religioso que se precie la máxima de "a quien madruga Dios le ayuda". Se levanta a las cinco para rezar. "En realidad, podemos hacer oración todo el día y es lo que nos sostiene", señala. Se acuesta a las diez de la noche. Y ya no sale nunca del convento: "Las piernas no me responden". En realidad, casi nunca salió de ahí. Además de para ir al médico, solo lo abandonó durante unos días en la Guerra Civil: "Esta era una zona en las que unas veces tiraban unos y otras, los otros".

"Gracias y perdón"
Esta monja que habla con franqueza y afabilidad subraya el lema de su vida: "Decir siempre gracias, perdón, gracias y perdón"; se refiere a su familia, en la que ella era la mayor de siete hermanos; "labradores en el campo de la mañana a la noche", lo que le obligó a dejar el colegio a los 12 años. ¿Y tuvo novios? "Hombre, había dos o tres que me seguían pero el que me convenció fue el Señor, y ahí se quedaron los demás".
Lógicamente, con una vida dedicada a la oración, reza mucho aunque tiene "sus fugas". Por eso, cuando cree que se descuida le reza "a la virgen: Quiero mirar con tus ojos, hablar con tu boca, oír con tus oídos y amar con tu corazón". Pero la monja no habla solo de lo espiritual, también anduvo entre pucheros para hacer sus tortillas de patatas, famosas en el convento, con dos ayudas muy especiales: "La virgen les daba el sabor y san José la vuelta". Amén.